Enfermedad y Sanidad

 
En un mundo donde ha avanzado tanto la tecnología, aún se observan comunidades azotadas por las enfermedades. Los tiempos han cambiado, ya los virus son distintos, más agresivos y menos controlables. Millones de personas en todo el mundo sufren de manera casi que sin remedio, y qué decir de las enfermedades del alma, que al igual que las naturales, también están matando gente; es suficiente con sintonizar un canal de noticias por la radio o por la televisión y ver cómo el odio, la envidia, y más, dirigen al ser humano a la muerte...
 
Perdona que te haga esta pregunta recién comenzando este mensaje: ¿pareces alguna enfermedad en tu cuerpo en este momento? Porque quisiera hablarte de esto un poco. He visto el sufrimiento de una enfermedad física a mi alrdedor desde que tengo memoria,; cómo una persona vigorosa de pronto se ve afectada por un accidente o por algún ataque virulento o bacteriano. Lo cierto es que se ve afectado no sólo el cuerpo, sino también el ánimo de quien está padeciendo. Por años vi a familiares muy cercanos sufrir enfermedades bastante agresivas, como el cáncer, que se van robando, además de la vida, las esperanzas.

En este punto podemos referirnos a una época en la historia, y en un lugar del medio oriente, de regiones que por años estuvieron atestadas por imnunerbles pestilencias, de las que poco o nada se conocían cura. La ciencia era a penas infantil, y los enfermos sólo eran relegados a las afueras de las ciudades y abandonados casi del todo para no contaminar los centros urbanos. Se podían contemplar a los leprosos y paraliticos a las orillas de los caminos en las entradas y/o salidas de los pueblos mendigando, suplicando por pan. Era lamentable imaginar aquello, pero apareció alguien en el panorama de aquellas almas miserables y adoloridas:

"Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo." - Mateo 9:35 -

Era hermoso aquel momento en el que los sufrimientos podían acabar tan sólo con escuchar hablar del Reino de Dios por alguien que lo conocía muy bien, JESUCRISTO. También conocía sus padecimientos; podía llegar a todos aquellos afligidos y desdichados; darles esperanza a aquellos que sólo esperaban la muerte.

Usted y yo podríamos con mucho detenimiento identificarnos con esos "pobres". En algún momento de la vida, quizás hoy, podemos damos cuenta que hemos acumulado golpes en nuestro corazón y que han producido heridas que nos desangran día tras día. En las noticias nos enteramos de personas famosas que han alcanzado muchísimos logros, han acrecentado fortunas y adquirido poder. Pero sucede que están muriendo, son infelices; no se deje engañar por las fotografías en yates lujosos y sonrisas falsas. El vacío en sus almas los llevan a consumir todo tipo de cosas, no logran sanar los temores y las desdichas del pasado, y terminan, muchos, hasta suicidándose.

Así que existen enfermedades que afectan naturalmente para quitar el aliento de estos cuerpos mortales, y también existen enfermedades que destruyen la vida de las personas. Por eso me encanta hablar de Jesucristo,  quien llegó para darnos Vida y Vida en abundancia. Llegó para acercarnos al Dios que planeó maravillosas cosas para nosotros, pero que con nuestras decisiones perversas las alejamos. JESUCRISTO también para sanarnos de la maldad y el pecado que nos destruye.

El ser humano necesita un sanador del alma, alguien  que pueda vendar sus heridas, alguien que esté en la capacidad para ser su protector y benefactor, alguien que le ame de manera especial.

"Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor." - Mateo 9:36 -

Quizás hoy, como yo un día, te sientas solo o sola, desamparado o desamparada,  y pueda que necesites una mano sobre la cual apoyarte y levantarte del estado en el que te encuentras... JESUCRISTO siente profunda compasión y desea mostrate su amor.

Rindere en sus brazos, no pelees más solo o sola. No esperes morir. Invita a JESUCRISTO entrar en tu corazón y pídele que desde allí dentro sane tu vida.

Hno Carlos Andrés Ruiz